Un
día de finales de verano me levanté al sonido de las gotas de
lluvia golpeando ligeramente mi ventana. Salí de mi reconfortante y
cálida cama para abrirla y un fuerte olor a tierra mojada llegó a
mi nariz, inspiré hondo pues me encantaba y era en cierto modo
relajante. Me pase un buen rato mirando por la ventana hacia una
silenciosa ciudad pensando en cosas irrelevantes y entonces me
decidí.
Cambié
el pijama por unos pantalones vaqueros, una camiseta de manga larga,
un jersey gris y mis viejas converse negras. Quizás no era lo más
adecuado para salir de paseo un día de lluvia donde yo vivía, pues
siempre hacía frio por esta época del año y las zapatillas no me
protegían del suelo mojado, pero no me podía importar menos.
Después
de un buen desayuno, me gustaba tomarme mi tiempo desayunando aunque
eso significara levantarse antes, cogí mi paraguas marrón con
florecitas azules y salí de mi apartamento en el noveno piso de un
moderno edificio cerca del centro de la ciudad. Bajé por las
escaleras en vez de utilizar el ascensor que llevaba estropeado un
mes y seguía sin arreglarse.
En
la calle había muy poca gente, la hora que era y el tiempo que hacía
mantenía a los urbanitas en sus casas, solo se veían personas
obligadas a salir, ya sea por trabajo o por algún recado urgente,
aunque también estaban los que como yo disfrutaban de un paseo bajo
la lluvia, no queda decir que de esos había pocos.
Algo
después llegué al gran parque que se encontraba cerca de mi piso.
No sé que me impulsó a acercarme al lago que constituía el centro
del parque, pero fue una de las mejores decisiones de mi vida, aunque
eso todavía no lo sabía. Cuando llegué vi que no era la única que
se le había ocurrido ir al parque un día como hoy, había un chico
alto más o menos de la misma edad que yo apoyado en la barandilla
que separaba el lago del resto del parque vestido casualmente con una
sudadera, unos vaqueros y unas zapatillas de deporte desgastadas que
hablaban de una rutina de ejercicio bien organizada. Llevaba un
paraguas amarillo que contrastaba con su apariencia discreta.
Intenté
acercarme sigilosamente para no molestarle, pero mi torpeza se hizo
presente en el último segundo y caí de culo en el suelo mojado,
esto provocó que el joven adulto se sobresaltase y mirara en mi
dirección, extrañamente hubo una chispa de reconocimiento en sus
ojos marrones-azulados. Sin pensárselo dos veces antes de ayudarme
con una mano puso su paraguas sobre mi cabeza, había soltado el mío
cuando resbalé y ahora estaba empapada hasta los huesos, y con la
otra me cogió de la mano y me levantó con un fuerte tirón. Me
balanceé un poco, pero él me estabilizó.
- ¡Vaya! No pensé
que nos volveríamos a ver y menos en esta situación.- Dijo una voz
profunda, seguida por una risa igual.- No me reconoces ¿Verdad?.-
Al parecer se dio cuenta de la expresión de confusión pintada en
mi cara.-
Ahora
que lo veía de cerca pude ver que llevaba su pelo negro a juego con
su ropa, pues parecía que no se lo hubiera peinado esta mañana.
- Perdona, es que
soy muy mala para recordar caras.- Dije haciendo una mueca. Me
sentía estúpida al no reconocerle. Él solo se río.-
- No te preocupes
es normal, solo nos vimos una vez cara a cara, aunque nos cruzamos
muy a menudo por el campus.- Después de decir eso giró la cabeza
un poco avergonzado. En ese momento me entró un escalofrío.-
¡Oh!Lo siento se me había olvidado que estabas empapada. Vamos a
mi apartamento, esta aquí cerca. Así te das una ducha y dejas
secar tu ropa.-
Yo
lo miré incrédula y un poco desconfiada, este se volvió a reír y
me aseguró que no me iba a hacer nada que además tenía novia.
Al
final decidí ir con él, no quería ponerme enferma, mañana
empezaba a trabajar. Después de un corto trayecto durante el cuál
yo estuve tiritando y él lanzándome miradas de preocupación de vez
en cuando, llegamos a su apartamento. Una vez allí, él me indicó
donde estaba el baño y me dijo que tendría preparada ropa seca para
cuando saliese. Acabé rápidamente y me vestí con ropa que me
quedaba muy grande, ¡la camiseta me valía cómo vestido! Cuando
entré en la cocina vi a mi antiguo compañero preparando dos tazas
de chocolate caliente.
- No hacía falta
que preparases nada.- Mi voz le sorprendió y casi se quema. Sin
mirarme respondió.-
- No te preocupes,
este chocolate es de... .- No acabó la frase por que en ese
instante se había dado la vuelta y ahora me miraba boquiabierto. Yo
arqueé una ceja, cuando encontró su voz me preguntó.-¿Por qué
no te has puesto los pantalones que te dí?.-
- Porque se me
caían, además esta camiseta me llega hasta las rodillas.-Él
asintió. Y entonces me vino a la mente.- Por cierto, ¿cómo te
llamas? Yo me llamo Clío.-
- Ah, si... eh...
me llamo Denis.-
Cogió
las dos tazas y me ofreció una mientras nos sentábamos en el sofá
de su acogedora salita-comedor, esta estaba separada de la cocina
por una pared con una especie de ventana, de modo que podías ver la
cocina desde donde estábamos sentados, al otro lado se encontraba un
balcón desde donde se veía el parque. Luego había un corto pasillo
donde se encontraban: la puerta de salida a la izquierda, la puerta
de la habitación de Denis en frente y al final estaba el baño.
- Bueno... ¿Qué
tal te van las cosas?¿Has encontrado trabajo?.-Me preguntó.-
- Sí. Ahora
trabajo como orientadora en un instituto cerca de casa. La verdad es
que a veces puede ser aburrido, pero de vez en cuando me viene un
alumno con u problema interesante, ya que de algún modo me he
ganado la reputación de ser la persona a la que van pidiendo
consejo cuando las arman o también hago las veces de mediadora en
las discusiones entre alumnos, entre profesores y alumnos o incluso
en muy raras ocasiones entre profesores.- Cuando acabé los dos
teníamos una gran sonrisa en la cara.-
- Parece muy buen
trabajo. La primera vez que te vi saliendo de la facultad de
psicología me dio la sensación de que habías elegido la carrera
correcta y que ibas a ser muy buena en tu campo.- Mi sonrisa creció
ante esa declaración.- Y por mi parte acabé dando clases de
física. Mañana empiezo a trabajar en un instituto cerca de aquí,
al parecer el profesor de física se tuvo que marchar de la ciudad
por causas familiares.-Yo lo mire sorprendida.-
- No será por
algún casual el instituto Juan Carlos.- El asintió.-¡Entonces
vamos a trabajar juntos!.-
- ¿¡En serio!?.-
Yo solo sonreí.-
A partir de ahí nos pasamos hablando sobre nuestras experiencias y luego yo le estuve dando información sobre el instituto: sus alumnos, sus profesores, sus instalaciones...
Nuestra
conversación se alargó hasta bien entrada la tarde, por lo que
acabé comiendo allí y para disgusto de mi anfitrión le ayude a
prepararla. Sobre las seis y media mi ropa ya estaba seca así que
me cambié y después de haber intercambiado los números de teléfono
nos despedimos
