martes, 27 de agosto de 2013

Lo que trae un día de lluvia

Un día de finales de verano me levanté al sonido de las gotas de lluvia golpeando ligeramente mi ventana. Salí de mi reconfortante y cálida cama para abrirla y un fuerte olor a tierra mojada llegó a mi nariz, inspiré hondo pues me encantaba y era en cierto modo relajante. Me pase un buen rato mirando por la ventana hacia una silenciosa ciudad pensando en cosas irrelevantes y entonces me decidí.

Cambié el pijama por unos pantalones vaqueros, una camiseta de manga larga, un jersey gris y mis viejas converse negras. Quizás no era lo más adecuado para salir de paseo un día de lluvia donde yo vivía, pues siempre hacía frio por esta época del año y las zapatillas no me protegían del suelo mojado, pero no me podía importar menos.

Después de un buen desayuno, me gustaba tomarme mi tiempo desayunando aunque eso significara levantarse antes, cogí mi paraguas marrón con florecitas azules y salí de mi apartamento en el noveno piso de un moderno edificio cerca del centro de la ciudad. Bajé por las escaleras en vez de utilizar el ascensor que llevaba estropeado un mes y seguía sin arreglarse.

En la calle había muy poca gente, la hora que era y el tiempo que hacía mantenía a los urbanitas en sus casas, solo se veían personas obligadas a salir, ya sea por trabajo o por algún recado urgente, aunque también estaban los que como yo disfrutaban de un paseo bajo la lluvia, no queda decir que de esos había pocos.

Algo después llegué al gran parque que se encontraba cerca de mi piso. No sé que me impulsó a acercarme al lago que constituía el centro del parque, pero fue una de las mejores decisiones de mi vida, aunque eso todavía no lo sabía. Cuando llegué vi que no era la única que se le había ocurrido ir al parque un día como hoy, había un chico alto más o menos de la misma edad que yo apoyado en la barandilla que separaba el lago del resto del parque vestido casualmente con una sudadera, unos vaqueros y unas zapatillas de deporte desgastadas que hablaban de una rutina de ejercicio bien organizada. Llevaba un paraguas amarillo que contrastaba con su apariencia discreta.

Intenté acercarme sigilosamente para no molestarle, pero mi torpeza se hizo presente en el último segundo y caí de culo en el suelo mojado, esto provocó que el joven adulto se sobresaltase y mirara en mi dirección, extrañamente hubo una chispa de reconocimiento en sus ojos marrones-azulados. Sin pensárselo dos veces antes de ayudarme con una mano puso su paraguas sobre mi cabeza, había soltado el mío cuando resbalé y ahora estaba empapada hasta los huesos, y con la otra me cogió de la mano y me levantó con un fuerte tirón. Me balanceé un poco, pero él me estabilizó.

- ¡Vaya! No pensé que nos volveríamos a ver y menos en esta situación.- Dijo una voz profunda, seguida por una risa igual.- No me reconoces ¿Verdad?.- Al parecer se dio cuenta de la expresión de confusión pintada en mi cara.-

Ahora que lo veía de cerca pude ver que llevaba su pelo negro a juego con su ropa, pues parecía que no se lo hubiera peinado esta mañana.

- Perdona, es que soy muy mala para recordar caras.- Dije haciendo una mueca. Me sentía estúpida al no reconocerle. Él solo se río.-

- No te preocupes es normal, solo nos vimos una vez cara a cara, aunque nos cruzamos muy a menudo por el campus.- Después de decir eso giró la cabeza un poco avergonzado. En ese momento me entró un escalofrío.- ¡Oh!Lo siento se me había olvidado que estabas empapada. Vamos a mi apartamento, esta aquí cerca. Así te das una ducha y dejas secar tu ropa.-

Yo lo miré incrédula y un poco desconfiada, este se volvió a reír y me aseguró que no me iba a hacer nada que además tenía novia.

Al final decidí ir con él, no quería ponerme enferma, mañana empezaba a trabajar. Después de un corto trayecto durante el cuál yo estuve tiritando y él lanzándome miradas de preocupación de vez en cuando, llegamos a su apartamento. Una vez allí, él me indicó donde estaba el baño y me dijo que tendría preparada ropa seca para cuando saliese. Acabé rápidamente y me vestí con ropa que me quedaba muy grande, ¡la camiseta me valía cómo vestido! Cuando entré en la cocina vi a mi antiguo compañero preparando dos tazas de chocolate caliente.

- No hacía falta que preparases nada.- Mi voz le sorprendió y casi se quema. Sin mirarme respondió.-

- No te preocupes, este chocolate es de... .- No acabó la frase por que en ese instante se había dado la vuelta y ahora me miraba boquiabierto. Yo arqueé una ceja, cuando encontró su voz me preguntó.-¿Por qué no te has puesto los pantalones que te dí?.-

- Porque se me caían, además esta camiseta me llega hasta las rodillas.-Él asintió. Y entonces me vino a la mente.- Por cierto, ¿cómo te llamas? Yo me llamo Clío.-

- Ah, si... eh... me llamo Denis.-

Cogió las dos tazas y me ofreció una mientras nos sentábamos en el sofá de su acogedora salita-comedor, esta estaba separada de la cocina por una pared con una especie de ventana, de modo que podías ver la cocina desde donde estábamos sentados, al otro lado se encontraba un balcón desde donde se veía el parque. Luego había un corto pasillo donde se encontraban: la puerta de salida a la izquierda, la puerta de la habitación de Denis en frente y al final estaba el baño.

- Bueno... ¿Qué tal te van las cosas?¿Has encontrado trabajo?.-Me preguntó.-

- Sí. Ahora trabajo como orientadora en un instituto cerca de casa. La verdad es que a veces puede ser aburrido, pero de vez en cuando me viene un alumno con u problema interesante, ya que de algún modo me he ganado la reputación de ser la persona a la que van pidiendo consejo cuando las arman o también hago las veces de mediadora en las discusiones entre alumnos, entre profesores y alumnos o incluso en muy raras ocasiones entre profesores.- Cuando acabé los dos teníamos una gran sonrisa en la cara.-

- Parece muy buen trabajo. La primera vez que te vi saliendo de la facultad de psicología me dio la sensación de que habías elegido la carrera correcta y que ibas a ser muy buena en tu campo.- Mi sonrisa creció ante esa declaración.- Y por mi parte acabé dando clases de física. Mañana empiezo a trabajar en un instituto cerca de aquí, al parecer el profesor de física se tuvo que marchar de la ciudad por causas familiares.-Yo lo mire sorprendida.-

- No será por algún casual el instituto Juan Carlos.- El asintió.-¡Entonces vamos a trabajar juntos!.-

- ¿¡En serio!?.- Yo solo sonreí.-

     A partir de ahí nos pasamos hablando sobre nuestras experiencias y luego yo le estuve dando información sobre el instituto: sus alumnos, sus profesores, sus instalaciones...


Nuestra conversación se alargó hasta bien entrada la tarde, por lo que acabé comiendo allí y para disgusto de mi anfitrión le ayude a prepararla. Sobre las seis y media mi ropa ya estaba seca así que me cambié y después de haber intercambiado los números de teléfono nos despedimos